martes, 24 de marzo de 2009

MEMORIA

Un día como hoy, nada más que del año 1976 (y muchos ya sabrán de lo que hablo) nacía un sueño. Sí, digo bien, un sueño, pues la gente veía en esta acción tomada por la junta militar un cambio que estimaba positivo. El sueño prontamente traicionado de la gente... de trocar este país mísero, aletargado y desconsiderado, por uno igualitario y ordenado. Sin un consentimiento sobre urna, los tanques avanzaron sin razón sobre las calles de Argentina, sin enemigo real, en una fantasía militar, esquizofrénica; nacía una batalla. Y había un sueño a punto de trocarse en pesadilla.
Las dos V se habían encontrado para materializar eso que dictaban desde el Norte, ese Norte-Imperio que ejerció siempre la tiranía del laissez faire, la piratería legal, la supremacía del más bélico, la predominancia del más rico.
Todo estaba dictado a modo de sentencia para los países del Sur. Ya había cierta operación pretendiendo difamar a un animalillo inocente con su nombre: Cóndor. Videla al poder y Viola cabecilla intelectual, Agosti y Massera codo a codo. Todo estaba escrito y cierto embajador estadounidense pidió, como Pilatos, una palangana de agua para lavarse las manos de lo que, estaba muy seguro, ocurriría: violación de los derechos humanos.
El libro más horroroso que he leído estaba a punto de escribirse, Nunca Más ,y digo a punto porque ese libro comenzó a escribirse en partes separadas, antes de llegar a la imprenta, en las partes sueltas de los atropellos que a cada víctima le tocaría sufrir. Por eso es un libro que se ha quedado incompleto, porque muchos de sus escritores... no vivieron para contarlo. Entre ellos Paco Urondo, Rodolfo Walsh(¡ay, Rodolfo Walsh!) y Haroldo Conti.
Yo no me olvido de Mugica.
Memoria, por favor, que no es la cordura lo que nos separa de los animales, pues esta etapa ha demostrado, por mucho, que no la tenemos.
No hay excusas.
Pido disculpas por la profusión de links que es menester cometer, hay ciertos infiernos que no se trasportan con breves palabras.
Los que no vivieron para contarlo se estiman entre 30.000.
Señores, por favor, NUNCA MÁS

sábado, 7 de marzo de 2009

El insomnio que Fiora aparejó

En esta fecha conmemorativa de lo que nunca más debe suceder (recordemos que esta fecha se fijó como día internacional de la mujer debido a una masacre de obreras que reclamaban salarios dignos e igualitarios y denunciaban abusos) invito a todas nosotras a agradecer el siglo en el que hemos nacido, pues en mi caso, jamás lo hago, y basta nomás echarle un oído a los discursos de mi abuela, a sus anécdotas y vivencias, para caer en la cuenta de lo afortunadas que han sido las generaciones posteriores al voto femenino, y quizás un poco más las subsiguientes, pues las idiosincrasias no se cambian de la noche a la mañana, incluso hoy todavía persisten ciertas injusticias de género.


Fiora también es mujer, y voy a hablar de ella hoy y del insomnio contiguo a su llegada. Ha de cumplir años uno de estos días de marzo. Sé que en marzo, mas no sé la fecha, pues ella es una indocumentada, nació en el patio trasero de una casona. Llegó a esta casa en brazos de la mujer de mi padre:
__Ahí lo tenés_dijo mi padre señalando el paquete.
Pero yo le percibí cierto aire sutil, un hocico más delgado que el de su hermano (pues una amiga mía había alojado a su hermanito y yo lo conocía de cerca).
__Dámelo__le dije a la señora de mi padre, y ella me extendió el bulto tembloroso y feo. Sí, estaba horrible, pobre, tenía una delgadez espantosa, una panza abultada y le cubrían la piel unas pústulas blancas. Cuando lo bajé para que bebiera las patas parecían abrirse hacia afuera y la panza parecía arrastrar en el piso, una panza aplastada, chata, como si fuera la de un sapo o similar a la forma de una tortuga. Aunque a mi padre se le ocurrió más bien una araña.
Le busqué el género en la panza, pero su vientre estaba despejado, no había nada allí.
__Pero... esto es una hembra__dije, levantándola, mostrando el sexo de la pobre a plena luz, patas para arriba, me miraba con un odio...
__Sí__dijo mi padre al comprobarlo, e hizo un ademán de disconformidad tras el cual se retiró y se llevó a su inexpresiva mujer del recibidor.
Me quedé con esa bolita negra y temblorosa. Después de todo podía evitar su reproducción mediante un método anticonceptivo oral, o someterla a cirugía, pensé. La bañé, y tras bañarla y envolverla en una toalla se me buscó esconder en el cuello, como no pudo, encontró la axila. Encantada con mi adquisición anduve todo el día con la perra en la axila de aquí para allá, hasta que llegó la noche...
Lloró siete noches seguidas. Era apagar la luz para ir a dormir y comenzar a rabiar por sus gemidos, unos llantitos constantes, taladrantes, persistentes. Al encender la luz se callaba. Cursábamos un crudo invierno. La providencia quiso iluminarme y se me ocurrió llenar una botella plástica de agua tibia y colocársela a modo de madre dentro de la cesta donde dormía revuelta en sus trapitos. El efecto que surtió fue indiscutible, la cachorra se calmaba y dormía instantáneamente con la botella con agua tibia. Lo malo era que el agua, debido al frío, duraba una hora y media caliente. Así es que, para que se pudiera dormir en esta casa, hubo que ubicar a un metro del canasto de la perra la estufa eléctrica, privándome yo misma de su uso. De este modo, después de una semana de recio insomnio, se pudo pegar el ojo por más de hora y media seguida.
Desde luego, la que tiritó en la cama no fue Fiora precisamente...