domingo, 14 de febrero de 2010

Agñá

A veces entreveo la punta del ovillo,
el extremo del hilo que pasa por todos los enredos
y se ofrece sarcástico a nuestros ojos
mofandose del vicio humano de resolver acertijos.
Por un instante efimero y caótico
logro ver el todo por sobre las partes,
sumirme en esa especie de plenitud de espíritu
que la subrepticia y amarga meditación concede.
Mas ahí, sobre llovido, me entrevero.
Tratando de conceder, refuto,
por salvar una parte pierdo el todo
y justifico todo tipo de sofismas con tal
de no tirar abajo la divina torre a la que asisto
cada vez que un terremoto me sacude los cimientos.
Deberé cortarme el dedo entonces
para no apuntar a nadie con él,
porque sólo hay juicios para los que juzgan.

2 comentarios:

El perro andaluz dijo...

No te cortes el dedo, puede servirte para llamar al ascensor que te devuelva a tierra, luego de contemplar el Nirvana.

Hombre de Neanderthal dijo...

hay que aguantar los embates sofistas y resulta difícil a veces no entrar en esa debilidad de juzgar a los demás, el viejo Bob Marley lo cantaba, con mucho ritmo:
"the road of life is rocky and you may stumble too, so while you point your fingers someone else is judging you".