miércoles, 12 de enero de 2011

El enfermero de los lentes rotos

....La enfermera se detiene molesta con la jeringa levantada, la paciente no quiere ser inyectada en la barriga. El otro enfermero, al que ha llamado para que la ayude a convencer a la chica de quedarse quieta, la mira con hastío. Falta una hora para acabar el turno y tienen hambre, ambos, lo que los vuelve intransigentes.
....—La razón por la que quiere inyectarme eso en la panza, según usted, es porque allí no duele. Entonces, yo le digo que prefiero el dolor. Inyécteme en el brazo, si me duele es cosa mía.
....—Creo que no se va a dejar—dice el petiso.
....La enfermera coloca la jeringa cargada en la bandeja de acero y se la pasa al enfermero, para ver si él sí puede, pero la paciente se pone en guardia:
....—¡Quiero al enfermero de los lentes rotos!—replica, impredeciblemente.
....Los otros dos se quedan pasmados, se miran entre sí, se encogen de hombros. Parece que el aludido no es uno de los más populares precisamente, ni de los más bonitos, y que la situación se aleja de lo cotidiano. Tal vez hasta estén celosos.
....—Creo que se refiere a Pablo—dice uno.
....—Lo voy a buscar—responde la otra.
....En pocos segundos el solicitado aparece tras la puerta con sus anteojos de puente grotescamente parchado. Se muestra desconcertado, así que sus colegas le explican el conflicto antes de irse y le transfieren la bandeja con la aborrecible jeringa. Aún habiéndolos escuchado, no entiende qué diablos tiene que ver él en el asunto. La única persona que queda en la habitación es la que está en la cama cubriéndose el vientre con ambas manos, nerviosísima.
....—¿Qué pasó? ¿Qué pasa?—pregunta, confundido.
....—¿Me ponés la heparina en el brazo, por favor?
....—Claro.
....El enfermero tantea el hombro endurecido de anteriores aplicaciones, sabe que la aguja atravesará la dureza y dolerá demasiado. El otro brazo está igual. Pero comprende que haya personas que prefieran el dolor a la impresión de ver clavársele en la panza cuatro centímetros de aguja.
....—Te va a doler, respirá hondo—advierte, y empuja la jeringa.
....La chica traga saliva, voltea el rostro, y después le agradece, mientras él le aprieta el algodoncito y se lo fija con cinta.
....—Me estás agradeciendo por hacerte doler—bromea, con una sonrisa que no es forzada ni afecta cortesía.
....—Te estoy agradeciendo por no darme motivos para tener pesadillas el resto de mi vida—alega ella.
....Entonces él asiente y piensa, una vez más, como de rutina, que todos los días se aprende algo nuevo y que quizás su tarea en ese hospital no sea tan intrascendente, después de todo.

13 comentarios:

Joe dijo...

Buenísimo, no se de donde te viene esas ideas, si de algo que pasaste, de lo que escuchas, o lo que te cuentan o son epifanías nomás.

Abrazos!

jlg

Hombre de Neanderthal dijo...

Los hospitales son lugares propicios para las más variadas historias. La humanidad se delata con todo en aquellas situaciones complicadas, donde generalmente nos sentimos abandonados.
El dolor físico parece más fuerte que el psíquico. Aunque, luego, el simple hecho de sentarse a la mesa les sea peor que pasar una temporada en el infierno.

NoeliaA dijo...

Joe, un poco de cada cosa, generalmente todo es ficción, o casi, je.

Nelson, así es, son las pequeñas cicunstancias las que ponen de relieve aspectos más profundos.

Abrazos

José A. García dijo...

Desde el más desapercibido hasta el que concentra todo el poder. Todos son necesarios.

Lástima que no todos son igual de reemplazables.

Saludos.

J.

Palabras como nubes dijo...

"En cuestión de gustos no hay nada escrito", en cuestión de confianza, tampoco.
Buen texto, Noe, como siempre, un placer pasar por aquí.

Abrazo :)
Jeve

Jeve y Ruma.

DAGA - Daniel Gaitán dijo...

A veces pienso que la diferencia está en no ostentar "un poder". En este caso los primeros dos enfermeros querían inyectar en la barriga contra el pedido de la enferma.
Pero vino el de los ateojos rotos que simplemente (y por la acción entiendo que se podía), hizo lo que se le pidió sin vueltas, y sin entrar en el juego de quien gana, porque él no estaba jugando. Cumplió como buen sanmaritano.

La sonrisa de Hiperión dijo...

Un fin de semana más estoy por aquí. Navegando entre tus cosillas. Genial.

Saludos y un abrazo.

Marisa dijo...

El dolor psíquico es mayor que el físico. Completamente de acuerdo con Hombre de Neanderthal.
Buen relato, Noelia, siempre creativa.
Un abrazo.

Samy Goldstein dijo...

Me genero un poco de escalofrios, la jeringa, la fuente de acero... imagine los guardapolvos blancos... perome dio ternura el enfermero con los lentes rotos!!

Un gran saludo!

Joe dijo...

Has dado en el clavo en muchos sentidos, hice varios intentos de cartas de Tarot, me encantan, justamente por lo simbólico del mazo, pero todavía no me defino por el estilo a utilizar, de Crowley se bastante, que si bien es un ilusionista del tres al cuarto, lo escrito es muy bueno, en el sentido mas poético, ya te las mostraré cuando me anime por un estilo, un gran abrazo!

jlg

El perro andaluz dijo...

La cantidad de inyecciones que me han puesto a lo largo de la vida, suman cientos, tranquilamente. Muchas de las cuales son tan dolorosas que se deben aplicar con xilocaina, cosa que me vine a enterar hace no mucho, en una posta cercana a casa. Me habían recetado 3 ampollas de un antibiótico muy fuerte; los dos primeras aplicaciones me dejaron con la pierna muerta y tuve que esperar más de 20 minutos antes de marcharme. La última, en cambio, como por arte de magia, no dolió absolutamente nada. Pensé que no me la había puesto y al preguntar, me dijo que le había colocado un poco del anestésico aquel. Desde aquella vez, siempre que debo ponerme una inyección, acudo a ese sitio y pregunto por la chica del lunar (uno coqueto encima del labio)pues no dejo que nadie más me baje los pantalones.

Siempre que leo tu blog, me como un chocolate y ambos se disfrutan igual de bien.

Raymunde dijo...

Los más pequeños son los más grandes.

¡Muy bueno!

Abrazo

dolores fernández dijo...

Conozco algo de inyecciones (tengo una hija enfermera)pero esta historia, es algo más que la fobia a que le coloquen la heparina en el vientre.El vientre,puede ser un nido...
Abrazoss