viernes, 21 de enero de 2011

Fugitiva

....La idea se me había escapado en una curva, cuando doblé a mano derecha, y no podía recuperarla. Me había emergido de la nada, en un semáforo. No conservaba de ella el menor detalle, ni tan solo una imagen, que bastaba para traérmela de vuelta. Eso por no cargar con la libreta, aunque, de haberla cargado, lo más probable es que no me hubiera percatado de que la tenía en la guantera y entonces lo mismo hubiera dejado a mi negligente memoria el asunto que acababa de surgirme.
....Lo peor es que se me calentaba la sesera de tanto maquinar, de tanto hurgar entre las neuronas, porque, por experiencia sé, que peores resultados se consiguen al tratar el rescate con más tiempo de olvido. Por eso la obsesión. Es como una paranoia implacable, como cuando se te va una palabra, un vocablo que te cae como anillo al dedo en esta oración y te lo han raptado de la mente, te lo han quitado de un sopetón, y no es lo mismo este sinónimo, porque los sinónimos son conceptos similares, no idénticos, y aparte está la música de la prosa, la respiración, la verosimilitud que se sacrifica al poner este otro término más rebuscado o menos preciso. Además ya es una cosa personal con la palabra misma, ya hay que hallarla porque no puede ser que se escurra, porque no puede ser que se resista, las negativas siempre enardecen, y punto.
....Entonces, me sobrevino una imagen vaga, que no era la de la susodicha idea en fuga, sino la de lo que estaban mirando mis ojos cuando la concebí. El semáforo. Trataba de evocar la ocurrencia y se me estampaba el semáforo que había mirando con las pupilas ausentes, fijas en él, que de tan lejanas ya lo habían perdido de vista y por eso el bocinazo. Ese bocinazo tuvo la culpa del extravío de las musas, las muy sensibles se espantan como pajueranas. Tenía que volver hasta el semáforo aquel, a ver si, de quedármelo viendo nuevamente, retornaba lo perdido.
....No es una cuestión de dinero, que para dinero el producto de la pluma de un consagrado. Tampoco es una cuestión de identidad, mis cuentos son ficcionales, carentes de alter egos. No pierden mis lectores, porque son pocos y, a menudo, nadie. Y no se pierde un hijo, porque la producción literaria o cuasi literaria, para no caer en la soberbia de creérmelas, no es un hijo, amén de que a muchos les guste llamarles así simbólicamente.
....Doblando por Corrientes retorné a Yrigoyen, con deliberada lentitud, la suficiente para dar tiempo a cambiar del verde al amarillo y del amarillo al rojo. Intenté abstraerme, olvidarme de que estaba allí para recuperar algo. Traté de ganar el estado despreocupado que tenía cuando me visitó la musa. No hay que recuperar lo imaginado, hay que volver a imaginarlo, pensé. Recordé que había sacado un cigarro de la cajetilla, y que lo había devuelto inmediatamente por falta de encendedor. Repetí la maniobra. Al hacerlo, redescubrí la hoja en la gaveta, una anotación mía, vieja, ilegible, algo que garabateé con el fin de retener, pero que, dado el torpe resultado del grafismo (porque mis ojos estarían puestos en el tránsito) terminaba siendo inútil.
....Levanté la vista, y ya había agarrado el camino perdido, reincidía en la misma secuencia de pensamientos, tarde o temprano iba a dar con la noción descarriada, hay una cosa así como secuencia infalible de hechos, una zanja ineludible, un deja vu perfecto. Así que ahí estaba la huella de la musa, sus manos por fin abriéndose en actitud de entrega. Metáforas. Lo que hice fue colgar de nuevo mis ojos del semáforo, me lo quedé viendo hasta alienarme, y me sobrevino otra vez el argumento: era una historia que trataba de una historia que se olvida cuando un bocinazo exhorta a arrancar, y hay que volver por ella al punto exacto de partida. Un imposible, porque esa combinación única de factores que la generaron, jamás se repetirían. Aunque existan excepciones.
....Duré solo unos segundos con la satisfacción en la mente, el lapso que media entre el arribo de la idea y el bocinazo desertor.

11 comentarios:

La sonrisa de Hiperión dijo...

Un fin de semana más me tienes paseando entre tus cosas. Siempre geniales. Buen weekend.

Saludos y un abrazo.

Roberto dijo...

la musa abierta de piernas, lista para el acto creador de la palabra y el huracán...

pero que bueno tu texto! un beso

Raymunde dijo...

Una historia redonda, desde todos los puntos de vista.

Compartimos la frustración de perder la idea, la frase o la palabra - todas ellas geniales, que se escapan por bocinazos traidores.

Abrazo

DAGA - Daniel Gaitán dijo...

Muy buen relato con un remate impensado.
Ahora, que en la realidad las cosas se pierden de la mente, o el resultado de una frase no es el mismo de lo que tenías en un primer momento, te aseguro, es verdad.
Saludos.

NoeliaA dijo...

Antonio, gracias, igualmente, un abrazo.

Roberto, sí, está musa estaba medio fugitiva.

Raymunde, realmente frustrante, para peor las mejores ideas suelen concebirse cuando uno está desprovisto de papel para anotar.

Daniel, menos mal, no soy la única.

Abrazos

Hombre de Neanderthal dijo...

Es realmente frustrante,sí, la verdad. Será por eso que ando como loco cuando camino.

José A. García dijo...

''No hay que recuperar lo imaginado, hay que volver a imaginarlo, pensé''

Lejos, creo que es lo mejor que he leído en las últimas semanas. Tan directo y tan, tan cierto...

Saludos

J.

Marisa dijo...

Reflejas con mucha exactitud y naturalidad lo que nos ocurre tantas veces a los que osamos utilizar la pluma para acercarnos a la Literatura, o para crear o recrear el/nuestro mundo.
Nos movemos por el mundo de la ideas platónicas, libreta en mano para atrapar el instante fugaz de la existencia, pero cuántas veces nos ha sobrevenido la musa en ese preciso instante inapropiado para retenerla con nuestra pluma. Intentar hacerlo luego en la tranquilidad de nuestro retiro ya solo es recordarla.

Tu texto es extraordinario, Noelia. Me ha gustado muchísimo tu mirada hacia la génesis de la inspiración.

Mi admiración y mi abrazo.

NoeliaA dijo...

Nelson, será por eso.

José, me alegro que te haya parecido buena frase y que te haya gustado el relato.

Marisa, qué será lo que queremos atrapar que no haya sido atrapado antes, es lo que me pregunto siempre. Será que es algo de la naturaleza humana, que no tiene aplazo, el instinto de expresarse.

Un abrazo a todos

El perro andaluz dijo...

De alguna forma, ese semáforo te dejó "ciega", como al personaje de Saramago, y no alcanzaste a ver por dónde se escabulló la frase aquella.
Me encantó, para variar.

lluvia azul dijo...

Un texto exquisito, de estrucutura metadiegética. Siento correr aquí una vena cortazariana. Pasa por mis textos.