lunes, 31 de enero de 2011

La Ley

....Hace un puñado de años, en el sur de India, existía un joven que renegaba de La Ley. No obstante su rebeldía, había sido criado en ella y no paraba de justificarse ante cada acto irreflexivo.
....Así, una tarde posterior a una lluvia torrencial, tomó la vieja cuchilla de jardín y se encaminó a su huerta. Había en torno a sus lechugas un centenar de gordas babosas. Se acercó, eligió la primera al azar y la cortó al medio. El animal soltó su contenido verdoso y retorció un poco sus partes seccionadas. El joven ha debido experimentar un inconsciente remordimiento, porque dijo, en tono de escarmiento:
....—¡No te habría matado si no hubieras venido a comerte mi comida!
....Miró a la segunda, la huerta pululaba de babosas. Se agachó y con movimientos raudos la rebanó en cuatro partes. Quería que muriese más rápido que la primera, no le agradaba verlas retorcerse.
....—¡O ustedes o yo!—exclamó, partiendo al medio a la tercera.
....Lo mismo le había sucedido con las hormigas, con los caracoles, con los pulgones, con las cochinillas y con las langostas. Pero las babosas parecían no tener límites. Reaparecían después de las lluvias, en grandes hordas, y hacían estragos en poco tiempo. No respondían satisfactoriamente a los repelentes.
....—¡Malditos moluscos gasterópodos!—chilló de pronto, había dedicado unos cuántos días a la búsqueda de información. No había logrado dilucidar qué tipo de almas van a parar al reino de los moluscos.
....—¡Cobardes invertebrados, ustedes no pueden hacerme nada!—gritó, envalentonado al ver a una corajuda que trataba de cruzar el perímetro de sal que protegía un almácigo.
....—¡Te achicharrarás, te achicharrarás, como un caracol!
....En efecto, la babosa empezó a deshidratarse y a arquearse, agónica.
....Más decidido, menos temeroso de represalia alguna, sacudiéndose las supersticiones, empuñó el cuchillo y con gran energía, tajeó sistemáticamente a todas las babosas. Quedó un tendal gris y blanco, porque algunas expiraron panza abajo y otras, panza arriba.
....—Animales perniciosos...—rezongó—. No sirven por su carne, no sirven por su belleza, no tienen ojos hábiles para apreciar la naturaleza, pero sí boca golosa para destruirla... No merecen justicia, no hay Karma que las vindique, carecen de espíritu, no tienen si quiera una pizca de ingenio que les permita defenderse.
....Con los brazos cruzados miró el holocausto viscoso que se expandía sobre el césped y sobre la tierra desnuda a los laterales del camino que atravesaba el jardín. El temor era inconsciente, por fuera estaba satisfecho. El Karma no existía. Las jerarquías excusaban el exterminio.
....—Una babosa es una babosa—sentenció—, un hombre es un hombre.
....Reculó dos pasos para calcular la magnitud de la masacre, pero su pie dio con una resbalosa sobreviviente. Manoteó el aire infructuosamente, y cayó de espaldas, en seco. Su cabeza acertó en la piedra maciza que utilizaba por las mañanas para afilar las cuchillas.

14 comentarios:

Hombre de Neanderthal dijo...

Nunca se sabe lo que se está haciendo, qué consecuencias puede traer ejecutar tal o cual acto, tomar ésta o aquella vereda. Sin embargo, he estado escuchando música (qué cosa podría acarrear ese simple hecho a parte de llenarme de energía?), desde Tchaikovsky hasta Metallica y Theodorakis, llenándome de energía musical, así que es inevitable que al leer esto, sobre el karma, me remita a:
http://www.youtube.com/watch?v=JmcA9LIIXWw
porque en el fondo, y sobre todo en temas como éste, I'm a man who doesn´t know.

NoeliaA dijo...

Nelson, escuché el tema, un clásico, viene justo para la entrada. No creo que escuchar múscia acarree nada malo, pero recordá que el karma no es sólo malo, hay karma bueno, conforme a las acciones buenas de tus vidas pasadas. Podría graficarse como el debe y el haber, según de cual tengas más, así te vienen los cuervos o las palomas, jaja.

Joe dijo...

Eso es lo que yo llamo un final feliz!, justicia.

jlg

Palabras como nubes dijo...

Jajajaja, qué rebuenísimo!
La soberbia siempre tiene final infeliz, no hay nada que hacer. Mientras leía pensaba qué concepto tendrían estos Moluscos gasterópodos ;) de semejante ser, que como mejor arma blandió un cuchillo y un poco de sal, mmmm...
Me encantó el cuento, aleccionador y divertido. Casi casi me animo a decir que este muchacho tan poco "karmático" en su próxima vida será babosa.

Abrazo, Noe, gracias por este texto para la vuelta de mis vacaciones.

Jeve
y Ruma

Marisa dijo...

Aunque sienta simpatía cero por las babosas, quien siembra tormentas...recoge tempestades.
Solo somos dueños de una cosa, de nuestros actos...también víctimas de ellos.

Buenísimo el relato, Noelia, con una rica lectura profunda.

Un beso.

NoeliaA dijo...

Joe, sí, el final varía según te simpaticen las babosas, el hombre o las lechugas.

Jeve, vos sabés que creo que sí, va a ser babosa, jaja

Marisa, sí, eso propone el karma, consecuencias sobre nuestros actos, una especie de justicia divina diferida.

José A. García dijo...

Justicia poética que le dicen...

Pero ¿qué se hace con una plaga?

Saludos

J.

NoeliaA dijo...

José, no sé. Si tuviéramos que regirnos por el ejemplo divino, ¡mirá cómo proliferamos!

José A. García dijo...

Con el término ''plaga'' me refería al hombre, no a las babosas...

Saludos

J.

NoeliaA dijo...

Ahh, estamos absolutamente de acuerdo, José, somos la plaga más prolífera y perniciosa.

Abrazo

Roberto dijo...

la venganza de los seres vulnerables...

me dejaste pensando

me gustó mucho compañera...

El perro andaluz dijo...

Finalmente, el más "baboso" de todos fue el jovenzuelo, muerto a manos de una babosa kamikaze a la que me gustaría darle un abrazo

Raymunde dijo...

El Karma sí existe, ¿verdad? Hay una serie que suelo ver, que a mí me encanta, que va sobre el tema del karma: "Me llamo Earl".

lluvia azul dijo...

Mi querida Noelia, este cuento es muy bueno. De principio a fin. Por la construcción y por el lenguaje, me sorprende. Tienes un estilo muy caracteristico y el manejo del acervo es impresionante-cosa que no puedo hacer yo- cuando te leo me quedo sin garras. Un beso.