domingo, 14 de octubre de 2012

Placebo



Contemplo de cerca a la gente. Observo las muecas cuando hablan, los movimientos, los tics de las manos y de los pies, la reacción a mi entrometimiento. Tomo precauciones. Asocio. Memorizo. Indago el punto de inflexión de cada quien. Hay tanto humano en la lavandería. Se aburren. Esperan impacientes. Juegan con el celular. Dicen qué frío, qué frío la puta madre, mientras se abrazan los hombros o se cruzan de brazos o se ponen a mirarla a una como si una fuera un espectáculo, como si una con una palabra pudiera automáticamente ponerse a dar lata.
Te ven con tetas y esperan que las palabras te broten de la boca, que de una migaja hagas un pan; de un grano de arena, un desierto; de una chispa, una fogata.
A mi punto de inflexión, incluso a ése, ya lo crucé, y queda esto otro, este aburrimiento letárgico que me inmuniza ante la masiva repetición.
Me cansa. El mundo me cansa. Respirar me oxida. Quiero una naranja, como las que mi madrina metía amorosamente en la alacena sólo para llenar el mueble de aroma a fruta. De ésas, fragantes, exuberantes, jugosas. Avanzo por la vereda repleta de gente ahora, llevo mi bolsa de ropa, rozo a unos cuantos, otros me empujan. Cruzan. Cruzo. Cruzamos. Somos ganado. Ganado robótico que escucha música, habla por teléfono, cuenta mentalmente la plata que le queda, piensa en lo que dejó en la oficina o en lo que espera en casa. 
Suben al tren. Subo. Subimos. Ruidos, palabras, olores. Inestabilidad. Disociación. Tiempo que se escurre. Mezcla de humanos de todas partes en una. Batidora de personas. Todo se me hace una estupidez cuando ando con el enrarecimiento. ¿Por qué los que viven allá y trabajan aquí no se vienen a vivir aquí o intercambian puestos con los que trabajan allá? ¿Por qué los que viven aquí y trabajan allá no se van a vivir allá o intercambian puestos con los que trabajan aquí? ¿Por qué mierda no hacemos una permutación y dejamos de trajinar en metros, trenes, micros y taxis? ¿Qué tiene de divertido todo esto? ¿Por qué carajo es tan importante divertirse?
Observo los rostros de la gente. Cansados. Alegres. Joviales. Tristes. Desesperanzados. Viejos. Reñidos. Sobrexigidos. Estirados. Mido el punto de aguante. Sopeso las variables. Me comparo. No buscan conversar. No están parlanchines. No tiran una palabra-anzuelo para pescar un discurso. Cada quien es cada quien solo y en compañía de las demás soledades que van al encuentro de lo que hay en la casa, o de lo que hay en la oficina, o de lo que no hay en la casa, o de lo que no hay en la oficina, o de lo que explota en el espejo del baño cuando se decide por fin lavarse la cara para irse a dormir.

4 comentarios:

José A. García dijo...

Todos somos islas en el océano de la humanidad...

Excelente texto Noelia, un gusto volver a leerte.

Espero que andes bien o, al menos, mejor.

Saludos

J.

Marisa dijo...

Siempre he huido de la despersonalización de las grandes ciudades, donde nadie es precisamente nadie y cada uno es precisamente lo único.
Lo has descrito perfectamente, Noelia, con pinceladas impresionistas y descarnadas. Mirando luego el cuadro descriptivo de lejos, el conjunto formado da verdadero pavor.

Me encanta volver a leerte. Ánimo.

Un beso.

Franziska dijo...

Si funcionara la lógica pero no es tan sencillo porque fíjate para intercambiar el puesto de trabajo tendría que ser por un trabajo igual y por el mismo salario. Este mundo de desquiciados porque lo que nos desquicia son las condiciones en que vivimos y la cultura que hemos desarrollado. Como seres humanos necesitamos comunicarnos, hablar por hablar, y eso está empezando a ser mal visto.

Me ha gustado mucho tu relato y es especialmente aguada la observación de lo que se espera que haga una mujer.

Saaludos cordiales. Franziska

NoeliaA dijo...

José, así es. Un gusto que te pases a leer.
Algo mejor, gracias.

Marisa: Hay días en que salen estas cosas negras... jaja, luego el extrañamiento nos deja en paz y nos conciliamos con el sistema. Pero sí, cuando uno toma distancia le pierde sentido y hasta da pavor, es tal cual.

Franziska: Por supuesto que no es sencillo, a menos que nos dedicáramos a cualquier cosa y no tuviéramos un oficio o profesión definida. A veces lo veo como si yo fuese de otro planeta y tuviera lupa, entonces veo hormiguitas que viven en tan lado y van a tal otro solo para regresar al mismo lado, y no paran de moverse...
Pero lo de que se espera que demos lata, uff, eso y muchas cosas más.

Saludos a todos, gracias por pasarse por este espacio.