miércoles, 2 de noviembre de 2016

Atracción

En el suelo una chinche verde atolondrada escapa de una ágil. Me acerco y escucho que la persecuta le dice:
­­―Si no cambias la forma conseguirás lo mismo, siempre, porque todo lo atraemos, y estás así renga y chota por eso… No querés escuchar verdades, y yo te lo digo todo por tu bien…
La chinche renga detiene un poco la marcha, y, cuando la otra la alcanza,  da un giro de 180 grados que la hace raspar en el suelo y soltar un gemido.
­―Claro, porque no se te puede decir nada, ves un ejemplo de vida y salís corriendo. ¿Por qué no aprendés de mí? Si estás así es porque te lo buscaste, ¡todo nos lo buscamos! ¡Igual te lo merecés!
La chinche coja vuelve a detenerse y hace idéntica maniobra, solo que esta vez derrapa para el otro lado y se raspa el flanco izquierdo del cuerpo.
―Y qué pensás hacer, ¿seguir así? ¿Por qué no te cortás la pata rota en vez de andarla arrastrando? ¿Qué te podés morir? ¡Si eso no es vida! Si yo tuviera una pata así… Pero bueno, yo soy valiente…, por eso yo puedo todo.
La chinche renga parece cansada de huirle, le hace frente un poco y la otra retrocede. Retrocede sin callarse.
­―Hay que luchar en la vida, mirame a mí, lucho, y atraigo buenas cosas. Todo nos lo atraemos,  a ver lo que has hecho vos para terminar a…
Mi paciencia agotada desata la tragedia: doy un aplastón inmisericorde con el zapato.
La chinche coja, que no advirtió de dónde vino el golpe, queda paralizada mirando  la mancha verde que mueve patas y antenas. Se acerca despacito, temerosa, y le responde, con una voz dulce que derrite las paredes:

―Tenés razón, sabés… 


3 comentarios:

Jorge Curinao dijo...

¡Qué bueno que hayas vuelto al blog, Noelia! Un abrazo.

Noelia Antonietta dijo...

Vos siempre tan atento, Jorge. Otro abrazo grande para vos.

Jorge Curinao dijo...

:)