jueves, 15 de diciembre de 2016

Me disculpo un poco a mí misma, porque descubro que no soy yo provocando algo. Es algo provocándome a mí. Es algo secuestrándome, algo que ya tuvo a otros, y que tiene a más, ahora mismo. Eso me hace sentir menos sola, aunque el consuelo sea de tontos.
No es aversión lo mío, no es odio, no es desprecio. Es lo que se siente cuando el deseo busca otra cosa en su lugar, como cuando te llevás algo salado a la boca, deseando algo dulce. Como cuando tanteás la llave de la luz en la pared en donde estaba en otra casa.
Perdónenme veredas. Plazas. Aire.
Gente.
No es odio. Es amor a otra cosa.

3 comentarios:

Jorge Curinao dijo...

Sólo el amor convierte en milagro el barro.

Noelia Antonietta dijo...

Muy cierto. :)

ribemependros dijo...

Un no se qué, algo. Muy bien expresado ese sentimiento otredad?