sábado, 26 de noviembre de 2016

Color

Escapo de su vista, pero sus ojos me persiguen por las góndolas.  Sus pupilas recalan en el algodoncito que no me quité del brazo. Me caza de la muñeca, yo que le huyo como al viejo de la bolsa y se me engancha como la campera en la manija de la puerta cuando tengo prisa.
Te vi salir casi corriendo esta mañana.
Siempre salgo corriendo de esos sitios.
Miro alrededor. No puedo zafarme sin tirar la canasta de las cosas, sin levantar miradas.
Soltame, nene
¿Qué color tengo yo en tu mente?
Titubeo un rato, él balbucea la pregunta. Los ojos abiertos grandes. Repite. Espera. No sé si es tenaz o testarudo, o es muy joven. No sé si soy cobarde o precavida, o estoy vieja.
Rojocontesto, sorprendida.
Lo veo sonreir. Poco sabe de mí. Nada sabe de mí.
Mi miedo también tiene ese color. El color del algodón que no me quité del brazo.

2 comentarios:

José A. García dijo...

EL miedo siempre es rojo, como la sangre, porque nadie quiere ver fluir lo que por naturaleza ha de permanecer siempre en el interior.

Saludos,

J.

Noelia Antonietta dijo...

Buena interpretación, José. Gracias :) Saludos