Mi perra es la musa de este blog... sólo que a veces... se queda dormida...

miércoles 8 de julio de 2009

De la tercera edad (2)

En una esquina pomposa de esta ciudad de chusmas, hubo el sábado pasado una disputa entre dos caballeros que se vilipendiaron así:
—¡Mal parido! ¡Hijo de mil putas! ¡Reventado!—dijo el de chalina roja.
—¡Ves que sos un cornudo! ¡Cachudo! ¡Arrastrado! ¡Cojudo de cuarta!—contestó el otro, uno de sweater de bremer y perfume unisex.
—¡Rajá de acá impotente! ¡Vejestorio! ¡Mal perdedor! ¡Perdedor en todo caso, como ninguno!—arremetió el farmacéutico.
Ambos respetaban los turnos de intervención a pesar de la cólera.
—¡Mariconazo! ¡No ves que sos un pelotudo! ¡Ella te tiene porque le das lástima!—largó su ofensiva mejor el conserje.
En este punto, asomó la sorda doña Dolores desde su balcón atiborrado de macetas.
—¡Si yo le doy pena a vos te tiene misericordia, aformolado! ¿Qué te pusiste en la cara, botulismo? ¡Chanta, andá a pagarme lo que me debés en artículos de belleza, que las farmacias no damos fiado, transformista!
—¡Pero qué decís, viejo verde, baboso, yo la vi primero y a vos te agarró de pelotudo, te tiene de reemplazo para cuando voy al golf, infeliz de porquería! ¡Te conformás con las sobras! ¡Perro de parada de camiones!
—¡Gringo de mierda!
—¡Gallego de mierda!
—¡Cuatro ojos come libros!
—¡Ignorante!
—Petiso lame culos.
—Justicialista chupa medias.
—Viejo trolo.
—Piojoso chupa sirios.
—Sifílico.
—Enladillado.
—¡¡¡¡Comunista!!!!
Y ahí se acabó la cosa, la vejación debió de ascender a un límite insuperable en esa última contraofensiva, pues don Rogelio le estampó a don Leandro un enervado piñón en la geta que le hizo volar la prótesis dental.
Doña Dolores no debió de estar tan sorda, porque se cubrió la boca con la mano y se metió adentro con una velocidad de estampida.

sábado 13 de junio de 2009

De la tercera edad (1)

A Yanina, recién matriculada en Comunicación Social, le conmovió el ancianito que compró flores en el pequeño puesto de la plaza y que, tras haber prendido en el ramo una tarjeta escrita por él, se veía en dificultades al momento de cruzar la calle. Quizá estuviera ciego y no viera el semáforo o, incluso, sordo, y no percibiese los sonidos cesantes de los motores. Yanina se ofreció a cruzarlo. Domingo aceptó sorprendido, cargaba con tres bolsas, una de verduras, otra de latas y otra con tres kilos de comida para perro, al ramo lo llevaba apretado en la axila.
- ¿Oiga, abuelo, quiere que lo acompañe hasta la casa? ¿Quiere que le ayude a llevar la mercadería?
- No, querida -respondió Domingo - , eso sería tomarte mucha molestia con este viejo, total, si me asaltan... por la miseria de sueldo que tengo, no me sacarían gran cosa...
- Con más razón - insistió Yanina - Dejeme que lo ayudo, usted se parece mucho a mi finado abuelo.
El anciano dejó que la chica cargara con las bolsas. Flexionó varias veces los dedos entumecidos de las manos y observó complacido el ramo de rosas que acababa de comprar. Yanina lo seguía silenciosa, no estaba segura de estarse dirigiendo al metro o a una parada de colectivos, eran cerca de las siete de la tarde y en invierno empieza a oscurecer temprano. Estaba a punto de darse vuelta a preguntarle si vivía muy lejos, si tomaba algún transporte para llegar a su hogar o si hacía el trayecto de a pie, cuando sintió algo duro en la cintura.
- Si te movés quedás cuadriplégica - declaró el viejo.
- Pero, abuelo, ¿qué está haciendo? - dijo Yanina, incrédula.
- ¡Esa puta costumbre de llamar abuelo a todos los vejestorios! ¡Qué mierda sabés vos si tuve hijos siquiera!
- Bueno, se ve que me ha visto como amenaza, yo sólo quería ayudarlo con las bolsas- dijo Yanina con la voz temblorosa, las manos en alto y la intención de marcharse inmediatamente. Pero la pistola se hundió más en su cintura.
- No, qué amenaza vas a ser vos... A ver, dame todo lo que tengás encima. Y si te llegás a reír te disparo, ya te dije, un disparo en la cintura y quedás como la Michetti.
Yanina se despojó del reloj, la cadenita, los aros y el anillo, luego sacó la billetera del bolsillo derecho del abrigo y también se la entregó. Pero el anciano seguía encañonandola.
- La campera también - ordenó, y Yanina se la quitó -. Y si te reís, disparo, te lo juro, eh.
- ¿Y qué cosa podría ser graciosa, a ver? - replicó ella.
El viejo metió las cosas de Yanina dentro de las bolsas del supermercado, y a éstas las acomodó en un rústico trailer hecho de maderas usadas que se sujetaba de una bicicleta.
- No sé qué podría ser gracioso, habría que preguntárselo al pibito de ayer que debió de creer que los ancianos no tienen ni fuerza para halar un gatillo.

lunes 11 de mayo de 2009

SILENI

Hoy subo esta entrada para recomendar una película. No puedo decir que sea "linda" ni "fea", sólo puedo decir que es poco común, por estar plagada de imágenes absurdas y de situaciones propiamente oníricas.
La recomiendo por varias razones, la primera es el alto manejo del simbolismo que subyace en toda la trama, si bien puede parecer insólita, poco consecutiva y despistada, la película ofrece una dicotomía que se hace bien notoria llegando al final de la película. Deja una sensación inquietante, lo deja a uno oscilando entre dos puntos sin poder conciliar ni uno ni el otro (pero para esto es necesario llegar hasta casi el final); la segunda, es que este film encara una trama netamente impredecible, nos saca un poco de los parámetros a que nos tiene acostumbrado el cine hollywoodense, nos mete en un mundo impredecible, disparatado y también detestable, pues las escenas no son complacientes y podrían herir suceptibilidades, la crítica es ácida aunque se solape en la supuesta "insanía" de sus personajes; tercero, la recomiendo porque exige del televidente una atención distinta, demandando para su interpretación una reorganización de segmentos y una resolución subjetiva de los hechos... esto es, de lo que está sucediendo en la película... Requiere una actitud activa de la teleaudiencia.

Advertencia: imágenes crudas, escenas absurdas, personajes blasfemos, imágenes impresionables.

Es de origen checo, su nombre en idioma original es "Sileni", presentado como Lunacy (locura). El director es Jan Svankmajer. Ha sido premiada con distintos galardones.
Aquí un trailer

La pueden bajar de aquí

lunes 13 de abril de 2009

El escape

-Sacala vos, yo la bañé.
-¿Y por qué no la sacas tú ya que tú te propusiste bañarla?
-No la saco yo porque siempre hemos compartido tareas, ¿no?
Fiora, habituada a su inmediata salida de post baño, llora, aúlla y tienta la puerta de rejas que la separan de la vereda.
-¿Para qué la bañé si no vas a sacarla a que se seque? Esos chillidos son insalubres, el lunes me dijiste que el domingo la sacarías, por eso la bañé.
-Vale, la saco, la saco, tú ganas.
-Nadie gana, yo la bañé y vos la sacás al parque así se seca, y de paso pasea, ¿no?

Fiora se desespera aún más al escuchar el ruido del segundo cajón adonde se guardan su pretal y su cadena de paseo. El tintineo de la cadena le arranca alaridos de ansiedad. Cuando él abre la puerta de la casa y busca en el llavero que pende al lado la que abre la rejita, Fiora prácticamente grita como un cerdo.
-Esa perra está loca.
-Sí, y cambiá la cara, la próxima semana vos la bañás y yo la saco.
-Sí, pero yo la llevo como para que se calme, eh, y la traigo en un rato, que se termine de secar en el patio y se deje de joder.
Ya encontró la llave, pero como no tiene ganas, hace tiempo discutiendo. Fiora sigue su berrinche, aunque se oye de más lejos, se oye desde el patio.
-La dejas que corretee hasta que se seque.
-Que estoy trabajando yo, ¿no te das cuenta?
-¿Y yo acaso no?
-Esperá, voy por mi celular-dice, y me dirijo a la cocina a apagar la hornalla donde la pava chiflona empezó a chillar.
-Puras huevadas chiflonas hay en esta casa-rezonga él mientras viene de la pieza. Ambos oímos un tropel de cuatro patas que rasguña el piso, de una curva rauda nos esquiva, se resbala en el suelo encerado, se repone, enfila hacia la puerta.
-Tu culpa es por ir a buscar el celular y dejar la puerta del frente abierta.

Después de un rato de andar ambos reclamando su presencia por los alrededores, gritando el mentado nombre de Fiora a los cuatro vientos, a ella se le antoja hacernos caso y regresar.
No es la excepción y ha encontrado un sitio apetecible donde revolcarse para quitarse el olor mentolado del shampoo.
-Adentro-grito a la perra una vez que atraviesa la puerta, es un mero gesto vindicativo que ni yo me creo, puesto que ella entró sola y porque se le dio la real gana, y lo miro a él-: Y vos la bañas, ahora creo que prefiero sacarla...
-¿A qué huele?
-Quién sabe...
-Bien, pero si yo la baño ahora, tú la sacas.
-Vale, al fin y al cabo yo terminaré haciendo dos cosas y vos una... pero venga, que tu tarea ahora vale por dos, yo no meto las manos ahí ni que me paguen. Y que no le quede nada de olor, eh, de ser necesario la bañas dos veces seguidas, pero la dejas como estaba, con olor a alcanfor.

miércoles 8 de abril de 2009

Victoria Santa Cruz



Nada que decir, ella lo dice todo. Me gusta esta canción.

miércoles 1 de abril de 2009

Proyecto "Libro Libre"

La idea de Libro Libre lo había mantenido distraido en sus asuetos durante mucho tiempo, lo había conmovido. La consigna era leer un libro y luego abandonarlo en algún lugar público tras estamparle en la primera página la nómina distintiva: Libro Libre.
Era una tentaiva de incentivar la lectura y promover la solidaridad, dos en uno, combo de valores. Se sentó en el banco de la plaza y, tras hacerse el distraído, abandonó un tomo nuevecito de La metamorfosis, de Kafka.
Dispuesto a realizar un seguimiento atento de la senda que el libro tomaría, como siempre lo había hecho, como siempre su obsesión había mandado,le había colocado, como siempre, un chip en la cara interna de la contratapa.
Se imaginaba decenas de firmas y decenas de Libro Libre escritos con diferentes colores, con distintas caligrafías... Imaginaba una cadena recursiva de lectura y de solidaridad.
Luego de unas horas de haber dejado el libro, el GPS le indicó que el volumen se había despegado del banco blanco de la plaza y se dirigía en dirección a Recoleta. Se sintió satisfecho, el inicio de las peripecias del libro acaba de dar el primer paso.
Sin embargo pasó una semana y el GPS anunció que el libro no se había movido de la calle donde aterrizó luego de que el primer lector lo tomara del banco; se excusó pensando que no todos tenemos la misma rapidez de lectura, que otros somos más lentos para la lectura y que debía darle más tiempo.
Pasadas tres semanas concluyó que era un libro lo suficientemente breve como para haber sido finalizada su lectura ya y restituido al circuito de recambio al que él, solidariamente, lo había adosado.
Dejó transcurrir otra semana, por amabilidad, una semana en que la ansiedad lo invadió varias veces indagando el destino del libro, había pasado por su cabeza visionaria una idea más macabra, más tétrica, como respuesta a la demora inédita del lector, una respuesta perturbadora de lo que podía haber hecho que ya esa persona no tocara el libro...
Y como un investigador privado, luego de la tregua, constató nuevamente la inmovilidad del tomo de La metamorfosis y salió dispuesto a resolver el enigma.
Un mar de ideas se le cruzaron por la mente. Cosas como que quizás en esa casa de Recoleta habitara familia numerosa, y que todos desearan leer el libro antes de restituirlo bajo la premisa de Libro Libre (en ese caso él haría el gran ridículo al llamar a su puerta), o que quizás el que lo levantó por primera vez se hallara enfermo o ciego, y que estas cuestiones le impidieran leerlo, en tales circunstancias el libro debería ser dejado en otra banca... o quizás en otro sitio... o quizás, debería ser leído oralmente al ciego... incluso al presumible enfermo. Pero y si... ¿había muerto...? ¿si en la casa yacia su cadáver insepulto, solitario, corrupto? ¿podrido?
Y en estas cavilaciones siguió un rato, mientras el bus lo llevaba a Recoleta. No dejó de aturdirse con la imagen de un hombre netamente agusanado sino hasta que el sonido del GPS lo sacó del ensimismamiento. Indicó movimiento. Un trayecto corto, pero contundente, que iba desde la casa en cuestión hacia otra casa, en la esquina.
Se emocionó, pensó que entonces el lector no yacía muerto, ni agusanado, ni insepulto y que, por fin, había finalizado la lectura del libro y, como muestra de gratitud ante tamaño obsequio de la vida, lo había firmado debajo de la leyenda Libro Libre, y lo había dejado en lugar público a la espera del próximo fortuito lector gratificado con su lectura.
Aún imaginando esto, decidió bajar en la parada más cerca del domicilio en cuestión, pues ya había pagado boleto y se hallaba cerca y, además, no estaba de más comprobar lo que su intuición ya le certificaba.
Saludó al chofer del colectivo, de lo feliz que estaba hizo un rápido ademán de saludo a los pasajeros, y descendió del micro dando un saltito. Cruzó la plaza, encontró bellos a los perros, a sus dueños, al orden entero que el mundo le ofrecía en ese preciso momento.
La decepción vino al llegar a la casa de la esquina, allí donde se suponía que debía estar el libro de tapas marrones titulado La metamorfosis, pues no había nada a la vista. Tocó la puerta de la casa para cerciorarse de que allí efectivamente se había recogido del suelo un tomo de Kafka.
-No, señor, yo no leo, nadie ha metido un libro en casa desde hace años...-respondió una señora ligeramente sorprendida por la pregunta.
-Gracias-dijo él-lo que pasa es que el GPS marca exactamente acá, en este momento preciso...
Pero la mujer arqueó las cejas, con el cucharón de la sopa en la mano. Confundido pidió disculpas y ella cerró la puerta.
Dio media vuelta, caminó volviéndose a la parada, el GPS seguía clavado en la casa de la mujer que no ingresaba de hacía años un libro al hogar.
De repente recordó algo. Su cara se transformó. Le había dado una oportunidad más al mundo de demostrarle lo contrario de lo que él venía presintiendo. Una vez más, se sintió decepcionado. El rostro se le puso de un color lívido, sanguíneo, caminó a grandes zancadas, casi corriendo hasta llegar nuevamente al lugar indicado por el localizador.
Levantó la tapa del tacho, terriblemente herido en el orgullo, sacó con bronca La metamorfosis del contenedor.

martes 24 de marzo de 2009

MEMORIA

Un día como hoy, nada más que del año 1976 (y muchos ya sabrán de lo que hablo) nacía un sueño. Sí, digo bien, un sueño, pues la gente veía en esta acción tomada por la junta militar un cambio que estimaba positivo. El sueño prontamente traicionado de la gente... de trocar este país mísero, aletargado y desconsiderado, por uno igualitario y ordenado. Sin un consentimiento sobre urna, los tanques avanzaron sin razón sobre las calles de Argentina, sin enemigo real, en una fantasía militar, esquizofrénica; nacía una batalla. Y había un sueño a punto de trocarse en pesadilla.
Las dos V se habían encontrado para materializar eso que dictaban desde el Norte, ese Norte-Imperio que ejerció siempre la tiranía del laissez faire, la piratería legal, la supremacía del más bélico, la predominancia del más rico.
Todo estaba dictado a modo de sentencia para los países del Sur. Ya había cierta operación pretendiendo difamar a un animalillo inocente con su nombre: Cóndor. Videla al poder y Viola cabecilla intelectual, Agosti y Massera codo a codo. Todo estaba escrito y cierto embajador estadounidense pidió, como Pilatos, una palangana de agua para lavarse las manos de lo que, estaba muy seguro, ocurriría: violación de los derechos humanos.
El libro más horroroso que he leído estaba a punto de escribirse, Nunca Más ,y digo a punto porque ese libro comenzó a escribirse en partes separadas, antes de llegar a la imprenta, en las partes sueltas de los atropellos que a cada víctima le tocaría sufrir. Por eso es un libro que se ha quedado incompleto, porque muchos de sus escritores... no vivieron para contarlo. Entre ellos Paco Urondo, Rodolfo Walsh(¡ay, Rodolfo Walsh!) y Haroldo Conti.
Yo no me olvido de Mugica.
Memoria, por favor, que no es la cordura lo que nos separa de los animales, pues esta etapa ha demostrado, por mucho, que no la tenemos.
No hay excusas.
Pido disculpas por la profusión de links que es menester cometer, hay ciertos infiernos que no se trasportan con breves palabras.
Los que no vivieron para contarlo se estiman entre 30.000.
Señores, por favor, NUNCA MÁS

lunes 16 de marzo de 2009

Apariciones

La primera aparición fue en el hall. Ella salía de la casa y un frío de nieve se irradió por su cuerpo. Fue unos segundos, algo efímero, fugaz, que la mantuvo sobre ascuas durante dos meses. El segundo avistamiento tuvo lugar en el baño, al descorrer la cortina tras haberse dado una ducha; la silueta se mostró apenas un rato, y después le dio la espalda para mimetizarse de a poco con las lozas de la pared del baño, hasta desaparecer.
Inquieta, nerviosa y muerta de miedo, Esther corrió a traer al primer párroco que se avino a su requerimiento de bendecir la vivienda lo antes posible. Se echó agua bendita y se pronunció frase santa sobre cada milímetro de la extensión toda del departamento. Nada extraño aconteció dentro del perímetro del departamento durante otros dos meses, no obstante, las dos apariciones anteriores bastaron para provocar en Esther todo tipo de pesadillas y una sensación permanente de asedio.
La tercera visión aconteció en el dormitorio, un día en que la culpa la carcomía y se olvidó de rezarle a todos los santos que la absolvieran:
__Ricardo, qué quieres, qué quieres, por el amor de Dios, por qué andas penando...
El espectro le clavó la mirada, una mirada entre dolida y enfadada, entre traicionera y traicionada.
__Porque no puedo caminar hacia la luz, Esther, porque me has asesinado, Esther... porque yo te quería...
__Bueno, pero qué más quieres que haga__exclamó Esther en una explosión de impotencia, de nervios y de terror__. Lo hecho, hecho está, ¡he echado mano de todo lo posible por subsanar en algo lo que he hecho, te he pedido una misa, una indulgencia plenaria, he confesado mi falta hacia el quinto mandamiento, te he llevado las flores más lindas y costosas, no he movido de la casa las cosas que celabas, he visitado a tu madre cada domingo de cada semana, he recibido a tu pesado primo, he pagado tus deudas de juego, he soportado el luto indiscreto de tus queridas, he dividido con ellas el dinero sacado de la venta de tu automóvil, no te he reemplazado por vivo alguno, no he volteado tus retratos y te he pedido perdón más de mil veces! ¡Qué más quieres que yo pueda darte!
__Sólo una cosa más, Esther... por favor
__Dímelo ya, y prosigue con tu túnel y tu luz y tu cielo o purgatorio...
__Que adhieras al ataúd mis miembros inferiores, con las piernas ahí en el freezer, congeladas entre chuletas, yo no puedo caminar hacia la luz, Esther, yo no puedo, aunque las piernas sean etéreas, yo no puedo imaginarlas, no las veo en el cajón, no puedo más que arrastrarme de esta casa al ataúd y del ataúd a ti.

sábado 7 de marzo de 2009

El insomnio que Fiora aparejó

En esta fecha conmemorativa de lo que nunca más debe suceder (recordemos que esta fecha se fijó como día internacional de la mujer debido a una masacre de obreras que reclamaban salarios dignos e igualitarios y denunciaban abusos) invito a todas nosotras a agradecer el siglo en el que hemos nacido, pues en mi caso, jamás lo hago, y basta nomás echarle un oído a los discursos de mi abuela, a sus anécdotas y vivencias, para caer en la cuenta de lo afortunadas que han sido las generaciones posteriores al voto femenino, y quizás un poco más las subsiguientes, pues las idiosincrasias no se cambian de la noche a la mañana, incluso hoy todavía persisten ciertas injusticias de género.


Fiora también es mujer, y voy a hablar de ella hoy y del insomnio contiguo a su llegada. Ha de cumplir años uno de estos días de marzo. Sé que en marzo, mas no sé la fecha, pues ella es una indocumentada, nació en el patio trasero de una casona. Llegó a esta casa en brazos de la mujer de mi padre:
__Ahí lo tenés_dijo mi padre señalando el paquete.
Pero yo le percibí cierto aire sutil, un hocico más delgado que el de su hermano (pues una amiga mía había alojado a su hermanito y yo lo conocía de cerca).
__Dámelo__le dije a la señora de mi padre, y ella me extendió el bulto tembloroso y feo. Sí, estaba horrible, pobre, tenía una delgadez espantosa, una panza abultada y le cubrían la piel unas pústulas blancas. Cuando lo bajé para que bebiera las patas parecían abrirse hacia afuera y la panza parecía arrastrar en el piso, una panza aplastada, chata, como si fuera la de un sapo o similar a la forma de una tortuga. Aunque a mi padre se le ocurrió más bien una araña.
Le busqué el género en la panza, pero su vientre estaba despejado, no había nada allí.
__Pero... esto es una hembra__dije, levantándola, mostrando el sexo de la pobre a plena luz, patas para arriba, me miraba con un odio...
__Sí__dijo mi padre al comprobarlo, e hizo un ademán de disconformidad tras el cual se retiró y se llevó a su inexpresiva mujer del recibidor.
Me quedé con esa bolita negra y temblorosa. Después de todo podía evitar su reproducción mediante un método anticonceptivo oral, o someterla a cirugía, pensé. La bañé, y tras bañarla y envolverla en una toalla se me buscó esconder en el cuello, como no pudo, encontró la axila. Encantada con mi adquisición anduve todo el día con la perra en la axila de aquí para allá, hasta que llegó la noche...
Lloró siete noches seguidas. Era apagar la luz para ir a dormir y comenzar a rabiar por sus gemidos, unos llantitos constantes, taladrantes, persistentes. Al encender la luz se callaba. Cursábamos un crudo invierno. La providencia quiso iluminarme y se me ocurrió llenar una botella plástica de agua tibia y colocársela a modo de madre dentro de la cesta donde dormía revuelta en sus trapitos. El efecto que surtió fue indiscutible, la cachorra se calmaba y dormía instantáneamente con la botella con agua tibia. Lo malo era que el agua, debido al frío, duraba una hora y media caliente. Así es que, para que se pudiera dormir en esta casa, hubo que ubicar a un metro del canasto de la perra la estufa eléctrica, privándome yo misma de su uso. De este modo, después de una semana de recio insomnio, se pudo pegar el ojo por más de hora y media seguida.
Desde luego, la que tiritó en la cama no fue Fiora precisamente...

miércoles 4 de marzo de 2009

Educación sexual moderna_ Les Luthiers



Para reirse un poco: unos genios!

sábado 28 de febrero de 2009

Mada

Llueve y el agua que golpea las antenas hace estremecer a Mada. No es granizo, le dice Yanina, abuela no es granizo. Pero la abuela además de recursiva es sorda. Seis segundos tardó Yanina en contestar el teléfono. Lo suficiente como para que Mada ganase la puerta, saliese y se subiese a esa trágica escalera que lleva a la terraza.
Tres meses después, ya restablecida Mada de su tercera quebradura, su nieta la regaña: ¿Y por qué recién ahora venís a decir que es por las plantas que subís a la terraza? ...Querida, porque sos la primera que lo pregunta.

miércoles 25 de febrero de 2009

Brevedad de palabra sobre el feminismo y sobre el machismo

Estoy verdaderamente harta de la gratuita etiqueta de feminista que se nos echa encima cuando actuamos o exigimos que se nos dé igualdad de condiciones. Me cuestiono: si el machismo supone la absurda certeza de la superioridad del género masculino por sobre el género femenino (para nada privativa del hombre, puesto que hay mujeres que los superan en machismo) ¿acaso el feminismo no supondría la absurda certeza de la superioridad del género femenino por sobre el masculino?
Y digo esto en extremas condiciones de hartazgo, puesto que me he cansado de ver y oir caer sobre mí, como una guadaña, el rótulo maldito cuando pongo mis derechos sobre las íes o cuando me expreso en favor del justo balance.
Y es que, al parecer, los hombres son machistas cuando se creen superiores, ¡pero las mujeres somos feministas cuando nos creemos iguales!
Es que si yo no plancho ni siquiera mi propia ropa, puesto que detesto esta tarea, y tampoco exijo que nadie la planche por mí...: ¿es que debo plancharla por otro que no sea yo? Digo, es que si ellos no la planchan, porque también detestan esa labor, pero exigen que otro (o mejor dicho "otra") las planche por ellos... ¿es que yo soy feminista por no querer planchar la ropa de otro cuando ni por mí lo hago y ellos no son machistas a pesar de exigir que otros planchen su propia ropa?
Tengo la suerte de tener un buen hombre, pero a la vez, la inmensurable certeza de que pesa sobre mí la inevitable sorpresa de mis amigas o la inevitable incredulidad, que es algo así como un vaticinio de desastre a largo plazo, como una crónica anunciada del deterioro a que, por naturaleza, sucumbirá el género masculino.
¿Cómo es que soy la feminista y a las vez reniego de la frase más adjudicada al feminismo? Es que los hombres NO son todos iguales, sino no permanecería con mi pareja. Y aparte, si fueran todos iguales, mujeres, no andaríamos moqueando por los rincones cuando uno nos planta..., vamos, nos iríamos directo al stock disponible de hombres y estrenaríamos otro. Que sí, que creo que la frase es adjudicable al machismo encubierto de ciertas mujeres que, ante el despotismo masculino y sus injusticias de género, recurren a la frase a modo de desquite o de pretexto: que si son todos iguales para qué terminar la relación... que si son todos iguales para qué intentar revertir esta actitud suya... que si son todos iguales... y así, es más un recurso de evasión que una auténtica conducta combativa.
Esta actitud de plantear como feminismo lo que es mera puesta en práctica de la igualdad de género es lo que recrimino y señalo como machismo. Un machismo encubierto y silencioso, un machismo que da por tierra con toda pretensión de crecimiento social.
Y luego están los que se excusan y denominan "liberación femenina" a la profusión de imágenes de corte sexista que se vende por la televisión bajo un engañoso marco con títulos variados: "desprejuicio", "libertad", "esteticismo" y "desenvoltura".
Dejémonos de joder, que la degradación que sufre hoy día el cuerpo femenino (en otra época templo sagrado, en otra época celosamente protegido por ser la cuna de la humanidad) es por obra y gracia de estos tiempos que corren que, bajo el certificado de cosmopolitismo, de liberalismo, de feminismo y de "vida light", nos empuja a todos al cadalso de lo superficial y vacuo, de lo hedonista y superfluo, de lo fácil y material, de lo terrenal y descartable, de lo intrascendental y despreciativo de la esencia. O díganme quién gana en apetencia: ¿la inteligencia o la voluptuosidad?
No sé, no sé, pero me canso de cuestionar: ¿los hombres son machistas cuando se creen superiores y las mujeres somos feministas cuando nos creemos iguales?

Vicios

Se ha llenado de polillas la sala.
Buscan la luz con vehemencia,
caen, se estrellan, se despolvan contra el foco,
se ahogan en los vasos, se suicidan
bajo los pies de nosotros
y dentro de las fauces curiosas de mi perra.
Qué tanto hay en la luz que les fascina...
Es que de pronto imagino a los humanos
rasguñando la chispa efervescente de la vida
e inhalando el último efluvio de franqueza
detrás del hueco de una pistola
y con los labios puestos en beso.

miércoles 18 de febrero de 2009

Pequeña reseña sobre el mate

Según parece el origen del mate proviene de la cultura guaraní. Los guaraníes, un pueblo primitivo que habitaba en el noroeste argentino y en el sur de Brasil y Paraguay, mascaban las hojas verdes en busca de un efecto estimulante, luego, con el pasar del tiempo, empezaron a remojarlas en agua caliente en un caiguá, recipiente hecho con un matí (pequeña calabaza)y chupaban el líquido con algo llamado tacuapí(era una cañita hueca). De todas estas palabras sólo subsistió el vocablo matí que dio el nombre de mate a la preparación.

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Fácilmente la costumbre de tomar esta bebida se transportó a las culturas no guaraníes. Los gauchos fueron un buen eslabón, mezcla de indígenas y de europeos, los gauchos eran marginales, pero, poco a poco, se fueron mezclando con la sociedad burguesa del momento. El mate así se trasladó de las taperas (casas de los gauchos, especies de carpas de cuero de vaca sobre estacas) a las grandes casonas. Y ahí comenzó la explotación de la yerba mate. Por supuesto, nada honesto en sus comienzos. A este respecto conviene leer el libro "El río oscuro" de Alfredo Varela, que ilustra toda la situación de los mensúes, la explotación que padecieron, la privación de libertad y las malas condiciones en las que eran obligados a trabajar.
Después aparecieron las plantaciones, los sindicatos que hacían valer los derechos del obrero, se dejó de destrozar a los grandes y centenarios árboles de Kaá, y las condiciones del trabajador se regularizaron. La yerba mate llegó al mercado, alcanzó a todas las clases sociales y las unificó como una estampa nacional.

Existen dos maneras de cebar mates: en la primera, y creo la más difundida, se llena de agua caliente el mate (ya con yerba dentro) y se da a cada persona; cada persona termina el contenido del mate y devuelve el mismo para que el cebador vuelva a llenarlo y lo ofrezca a otra persona. En la segunda forma de cebar se utilizan generalmente recipientes (mates) más amplios, pues esta otra opción requiere que cada persona dé una sorbida sin acabar el contenido total del mate y se la pase a otra persona, así hasta que haya que llenar otra vez el mate.
Las propiedades del mate son muy conocidas: es estimulante, mitiga el apetito, es hepatoprotector, laxante (si uno toma mucha cantidad, o si no está acostumbrado a su ingesta diaria), posee acción antioxidante y también diurética. Y es altamente adictivo.
Se lo puede tomar amargo o con azúcar. El mercado surte de muchas variedades de yerba, algunas fuertes y otras más suaves, algunas frutadas, o con hierbas aromáticas adheridas.
El mate es el mejor mediador de charlas, y el mejor compañero para un estudiante universitario. Al comienzo resulta amargo al paladar, las primeras veces es rechazado, pero una vez adquirido el hábito de beberlo a diario, es muy difícil de abandonar.