martes, 6 de octubre de 2015

Papel

   Últimamente la abogada venía mirándola con malos ojos cuando se aparecía los jueves por el centro a pedir los periódicos viejos para hacer cestas. La había atendido una vez en su despacho, pero hoy se le acercó reticente.
   ―No merodee más por acá―soltó―. Ya se lo dije.
   La artesana bajó la cabeza y, de su bolsa, sacó una cesta beige con terminación en trenza y asas trabajadas, y se la ofreció. La canasta parecía de auténtico mimbre.
   ―¿Por qué cobra tanto esto?―dijo la otra―. Si nada más es papel… ¡medio kilo de papel!
   Hubo un silencio abrupto de ojos abiertos y lona que cae con ruido de viento sobre los helechos. La artesana recibió la cesta que le extendían con ostensible rechazo, y contestó:
   ―Sale menos que el papel que usted me cobró los otros día. Y ése ni habrá pesado un gramo.

1 comentario:

Maria Rosa dijo...


Una profesional de morondanga, vale mucho más la artesana que todos los titulos de la otra. Y pensar que hay gente así. Muy buen texto.

mariarosa